la tranga

La tranga es, posiblemente, el personaje más representativo de este carnaval. Su imponente aspecto sumado al estruendo de sus esquillas (cencerros) causan impresión en casi todos los niños y en no pocos mayores, sobre todo en las mozas, a las que es fácil ver correr por las calles huyendo de un grupo de trangas.

Los jóvenes solteros del pueblo son los que dan vida a estos seres mitad hombre mitad macho cabrío, y que algunos interpretan como la representación de seres mitológicos. Visten saya (falda de tela gruesa) y camisa de cuadros, en los pies abarcas (albarcas) y calcetines de lana; sobre la espalda, los hombros y la cabeza la piel de un choto (macho cabrío) de buen tamaño para que llegue desde la cintura hasta la frente, donde, sin más medios que una simple cuerda de cáñamo y cierta destreza que otorga la experiencia (imprescindible para que el dolor sea soportable), se les atan fuertemente los cuernos del mismo animal.

Un cinturón de cuero les sirve para sujetar el otro extremo de la piel a la cintura y para llevar varias esquillas (cencerros) de gran tamaño que irán sonando al ritmo de sus pasos, carreras o saltos. Mezclando aceite con hollín de la chimenea se consigue un pasta negra y brillante con la que se pintan la cara, lo que les hace prácticamente irreconocibles. Para completar su desfiguración y darles aspecto todavía más agresivo, de su boca sobresale una dentadura bastamente tallada en una rodaja de patata. Una tranca (berra, palo largo) les servirá para arrojarla a los pies de los niños a los que persiguen o para encaramarse a un balcón.

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